El "embrujo" de El Sadar

Hay días en los que las cosas no salen como esperabas. Días en los que, al contrario de lo que diría Hannibal (y no hablo de Lecter), los planes no salen bien. Días en los que las lesiones y las tarjetas te impiden tirar del equipo ‘A’ y tienes que salir con los suplentes, con el equipo ‘B’, deseando que todos juntos trabajen con tal eficacia que haría rabiar de envidia al mismísimo Macgyver. Días en los que no atacas tanto (ni tan bien) como venías acostumbrando, en los que no eres capaz de generar el fútbol que sueles, no tienes las ideas tan claras como en otras ocasiones, no defiendes con la fortaleza necesaria y concedes más de lo permitido. Días, en definitiva, en los que Osasuna tiene menos ‘salud’ de la que debería. Y, en esos días, tu gente da un paso adelante (bailando, si el guion lo requiere).

El Sadar volvió a demostrar que nunca falla. El jugador número 12 de Osasuna salió al rescate de los suyos, empujando desde el pitido inicial y sin dejar de animar hasta escuchar los tres pitidos del colegiado. Y, entonces, el campo estalló. Y la alegría se desbordó, mostrando así una tensión acumulada por lo sufrido del encuentro. Un sufrimiento que pocos previeron, pues los datos que envolvían al partido presentaban un líder contra el colista, uno de los equipos más goleadores contra el más goleado, y el que menos goles marcaba. Un bloque que no conocía la derrota en su feudo y que llevaba acumuladas nueve victorias seguidas ante los suyos. Pero estaba Martín, siempre Martín. ‘La Bruja de Campanas’ y su conocimiento de Osasuna infundían miedo (camuflado en forma de respeto). Si alguien podía romper el hechizo de El Sadar, ése era Enrique.

Pero no pudo ser, ni siquiera Martín ha podido. ‘La Bruja’ y sus poderes sucumbieron a un campo doblemente “encantado”. Otro equipo ha quedado cautivado ante el canto de sirenas de las más de 15.000 gargantas que animaban sin fatiga. Porque en esos días en los que las cosas no te salen bien, tu afición, como el desodorante, nunca te abandona. ¿Será cosa de brujería? Tal vez. Pero hay una realidad: El Sadar sigue siendo territorio sacrosanto. Todo visitante dobla la rodilla. Es la magia del muro rojo. Es el embrujo de El Sadar.

LaRuna Sidrería

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