El Rey en el Norte

Y llegó. Al fin. Después de nueve largos meses; meses en los que parecía que siempre era invierno (y cuando estamos hablando de Navarra, nunca puede sonar exagerado), meses en los que los rojillos han tenido que pasar por un proceso de búsqueda interior, de volver a encontrarse a sí mismos, a la vez que volvían a encontrarse con su afición…una afición que siempre ha estado ahí. Meses en los que Osasuna, nuestro querido Osasuna, ha vuelto a ser ese equipo reconocible. Llegó el tan ansiado Ascenso.

Y quién lo hubiese dicho, después de haber pasado un calvario de mes de agosto, en el que no se ganó ninguno de los amistosos, y se perdió ante el Mallorca y se empató ante el Elche, en un pésimo arranque del campeonato liguero. El equipo deambulaba por el campo como un caminante blanco. Y septiembre no empezaba mejor (con una derrota en Granada), y se tuvo que esperar al segundo fin de semana de ese mes para que llegase la primera victoria ante el Almería. Tras esto, llegaron semanas de altibajos, hasta noviembre, un mes en el que se ganó todo menos el duelo en Riazor. Y, en el advenimiento, un diciembre de empacho, de empacho de turrón y de victorias.

Los Reyes, al igual que a Arya, le trajeron a los rojillos una nueva cara. Aunque le duró hasta Canarias. Y parecía que el equipo iba a morir ahí; aunque ya saben lo que le decimos al Dios de la Muerte: “hoy no”. Entre la derrota ante Las Palmas y la de Tenerife pasaron 9 partidos consecutivos sin perder. Concretamente, 8 victorias y un empate. Parece que más allá del “muro” (del “muro” del Mediterráneo), es territorio hostil para Osasuna, territorio de “salvajes”. Aunque a los de Jagoba les vino bien cruzar el ‘Mar Angosto’, pues después de cada visita encadenaron una racha importante de batallas sin conocer la derrota. Ahora llevan 9, y han logrado igualar el anterior registro. Y todo ello bajo el liderato de Jagoba Arrasate, el verdadero ‘Lord Comandante’ de este equipo, que ha sabido construir un bloque sólido y fiable; con una “montaña” en la portería (o un “perro”, por aquello del Can Cerbero); la ‘Guardia de la Noche’ en la zona de atrás, la última defensa cuando todo parece perdido; los ‘Inmaculados’ en el centro del campo, jugadores que no conocen el dolor y responden sin dudar a las órdenes de su General (lo que diferencia a los de Jagoba con los de Astapor es que los de Pamplona no son eunucos). Y, arriba, Villar, el gran “dragón” que todo lo que toca lo convierte en fuego, sin importar si ha oído o no el ‘Dracarys’.

Todos ellos han logrado sobreponerse a las más duras adversidades. Pero nunca han estado solos. Los jugadores han contado en todo momento con el apoyo incondicional de su afición. El Sadar se ha transformado en Invernalia, territorio inconquistable, que ha resistido a la invasión de todo extraño que ha querido someterlo. El aliento de los norteños ha sido el sustento sobre el que se ha erigido un equipo de ensueño.

Y se acabó. La Gran Guerra ha terminado. La luz se ha impuesto sobre la “larga noche” y el ‘Rey de la Noche’ ha caído. Han sido dos años de un largo invierno, en el que el equipo ha tenido que sufrir las consecuencias de una contienda durísima. Antes, incluso, tuvo que luchar por limpiar su honor en un juicio…por combate.

Pero se ha vencido. Osasuna ha logrado imponerse sobre todas las demás casas y, ahora, tras haber ganado la guerra, reclama el “trono de hierro”. Y está en su derecho. Pues, después de 40 batallas, ha demostrado ser el legítimo heredero. Sólo falta ver si es capaz de sentarse en el gran sillón. Pero el Ascenso se ha conseguido, y los demás equipos ya le esperan en Primera. En “poniente” lo saben y así lo manifiestan: “Mirad, aquí llega. Es el desembarco del Rey. Es el Rey en el Norte”.

LaRuna Sidrería

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