Que no pare la fiesta

Regresaba Osasuna al estadio de El Sadar para vivir una tarde única, especial y diferente. Nada de lo anteriormente vivido esta temporada en el feudo rojillo se iba a parecer a lo que teníamos por delante. Tanto en el aspecto futbolístico, con poco en juego, como en el emocional, con todos los sentimientos a flor de piel, como la primavera misma.

Jagoba Arrasate despistó también a los aficionados rojillos, ya que todos los cambios que esperábamos en la previa se resumieron a lo estrictamente obligatorio. Algunos lo vieron como una manera de premiar al equipo titular de la temporada. Para otros, sin embargo, con el título en juego no querían ni oír hablar de cambios injustificados. En cualquier caso, para todos, era un partido diferente.

Los jugadores, que habían entrenado solamente un par de días antes del partido, salieron como en cualquier encuentro más. El objetivo de quedar invictos en casa o la racha de 16 victorias en casa parece que son dos aspectos que motiva mucho de puertas para dentro del vestuario. Los jugadores de Las Palmas también tuvieron su parcela de responsabilidad. Lo bien que nos supieron competir en su casa no sirvió para meter en problemas al cuadro rojillo. Sin apenas aproximaciones al área de Ruben Martinez, los de Jagoba intentaron llegar por medio de la velocidad y desborde de Kike Barja en la izquierda. De esta manera, Barja gozó de la mejor oportunidad del partido tras irse solo en el mano a mano frente al portero y con el apoyo de Villar a un costado. Decidió mal pero a todos nos alegró que, minutos después, en una jugada calcada eligiese bien y se la diese a Villar para que marcase a placer. Las ocasiones van y vienen, se acierta y se falla, así es el futbol. Lo positivo que se nos queda de estas acciones es ver que Kike Barja no es estúpido. Para los que dudan de la progresión del jugador durante el último año, que miren la manera de actuar en las dos jugadas. El paso por el descanso fue un desahogo total para los de Pepe Mel. Los jugadores visitantes, conocedores de la fortaleza rojilla, saltaron al campo timoratos, pero al correr los 45 primeros minutos pudieron comprobar que con el ambiente festivo que había en el campo ellos también podían llevarse algo. Y tuvieron las mejores acciones para empatarlo en apenas cinco minutos. Un breve despiste, un par de corners y una acción a balón parado, en las que Osasuna fue un espectador de lujo. Acierto es lo que les faltó. Algo, por el contrario, que no suele perdonar Osasuna esta temporada y que volvió a demostrar el sábado en cuanto cogió la manija del partido otra vez.

Con el pitido final se desató la locura total. El lazo de unión de los jugadores y la afición es algo que no debería perderse en el tiempo. Todos vivimos del presente, pero hemos de recordar el pasado para no sufrir en el futuro.

LaRuna Sidrería

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